¡Nunca más nos quedaremos atrás!


PALABRAS LIBRES
Por Ara Morales.

En memoria de Elvia Carrillo Puerto,
en el 144 aniversario de su natalicio: 6 de diciembre de 1878.

Como usted sabe el 4 de octubre de 1824 entró en vigor la primera Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, siendo este un documento de carácter jurídico y político que estableció el sistema político federal y tuvo como fin principal, declarar el carácter independiente de México como país, pero no consideraba a la mujer con derechos iguales a los hombres.

Casi un siglo después, entre 1916 y 1917 Venustiano Carranza convocó al Congreso Constituyente que recogió las demandas populares por las cuales se inició la Revolución Mexicana: contar con bases para una participación democrática, respeto a las garantías individuales, reparto equitativo de la riqueza del país, supresión de las desigualdades y privilegios, pero es hasta 1918 que Carranza expidió la primera ley electoral, lo que permitió la organización cívica para que en los años subsecuentes se formarán los partidos políticos.

Como es sabido, las mujeres que participaron activamente durante la lucha armada, esperaban ser tomadas en cuenta para contender por puestos de elección popular, pero no fue así, solo en Chiapas y Yucatán lograrían emerger dos figuras de la lucha revolucionaria, Elvia Carrillo 1923, y Florinda Lazos en 1926.

Transcurrieron desde la primera Carta Magna, hasta 1953, 129 años en los que las mujeres estuvieron al margen del derecho a votar y ser elegidas para cargos de representación popular. Fue hasta El 17 de octubre de 1953, cuando se cristalizó el derecho al voto de las mujeres en todo el país, al publicarse esa Reforma en el Diario Oficial de la Federación.

En una elección intermedia en 1954, la abogada Aurora Jiménez de Palacios, se convierte en la primera mexicana en ser electa para el cargo de diputada federal y ocupar una curul en la Cámara de Diputados, representando el Primer distrito de Baja California. El PRI la postularía.

En las elecciones ordinarias de 1955, realizadas en todo el país, el 3 de julio Marcelina Galindo Arce de Chiapas, fue una de las cinco primeras mujeres electas diputadas, junto con María Guadalupe Urzúa de Jalisco, Remedios Albertina Ezeta del Estado de México, y Margarita García Flores del Estado de Nuevo León, todas electas vía el PRI. Igualmente, María Lavalle Urbina, y Alicia Arellano Tapia se convertirían en las primeras mujeres Senadoras de la República.

La hegemonía del PRI, como partido único, mantuvo una sectorización interna, y corporativa lo que minó los alcances de la lucha sufragista, y en aras de la igualdad de género que perseguían las mujeres. En 1976 José López Portillo fue el único candidato presidencial registrado para la contienda electoral; el Partido Acción Nacional había declinado presentar candidato; Arnoldo Martínez Verdugo fue el candidato no registrado del Partido Comunista Mexicano, y recibió 1 millón de votos, pero no contaron, porque era un partido en la clandestinidad. México traía tras de sí, 20 años de insurgencia popular, campesina, sindical, ferrocarrilera, magisterial, profesional, y el surgimiento de brotes insurreccionales por todo el país por el gobierno autoritario, y antidemocrático que se había sistematizado.

La legitimidad del presidente López Portillo fue cuestionada, y fue necesario impulsar una reforma política que desahogará la enorme presión social qué se había agudizado debido a la crisis económica que enfrentó desde su inicio. Eran dos propósitos que debían cumplirse con las reformas, por un lado, revitalizar al sistema de partidos políticos deslegitimado en las elecciones presidenciales de 1976; y, por otro lado, ofrecer una opción de acción política legítima. Después de meses de discusiones, la reforma política se plasmó en la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales que fue aprobada por el Congreso en diciembre de 1977. Además de elevar a rango constitucional el reconocimiento de los partidos políticos como entidades de interés público, también estaba orientada a la ampliación del sistema de partidos, y la participación de estos en el Congreso.

Con esta reforma política, se terminaba con la figura de diputados de partidos, y se introducía el sistema mixto de representación proporcional, se incrementó a 400 el número de diputados, 300 uninominales y 100 plurinominales; se redujeron los requisitos para que los partidos políticos obtuvieran su registro, y se reconoció personalidad jurídica a las asociaciones políticas.

La incorporación de las organizaciones políticas de izquierda a la vida institucional fue posible en la nueva ley, por primera vez se nota la presencia en la cámara de diputados de partidos diferentes a los que habían estado por más de tres lustros. En 1979 durante la quincuagésima primera legislatura del Congreso de La Unión, fueron incorporados diputados opositores de la izquierda, fue una legislatura histórica, se pudieron escuchar por primera vez en mucho tiempo debates y discusiones sobre el destino del país.

En 1979, se sienta un precedente de trascendencia para las mujeres, Griselda Álvarez de León es electa como la primera gobernadora en la historia de México, para el Estado de Colima, postulada por el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Popular Socialista.

Este ascenso paulatino de las mujeres en los espacios de poder público en nuestro páis, y en los de participación electoral tiene su culmen o cumbre, cuando es postulada en 1982, Ma. del Rosario Ibarra de Piedra, como candidata a la Presidencia de la Republica, por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de orientación política de izquierda radical. La mujer aparece como un símbolo de emancipación y lucha por la igualdad legal, política, profesional, familiar y personal con relación al hombre, y su propuesta corre en paralelo a la exigencia de la aparición con vida de su hijo Jesús Piedra Ibarra, quién en 1975 había desaparecido por participar en la “Liga 23 de septiembre”. En 1988, nuevamente se postularía para ese cargo.

A partir de esa primera experiencia, los espacios políticos ya no los abandonarían las mujeres. En 1994 fueron postuladas a la presidencia de la República, Cecilia Soto por el Partido del Trabajo; y Marcela Lombardo Otero, hija de Vicente Lombardo Toledano, por el Partido Popular Socialista. En el 2006 Patricia Mercado fue postulada por el Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina; en 2012 Josefina Vázquez Mota fue postulada a la presidencia de México por el Partido Acción Nacional, y en el 2018 Margarita Zavala participó como candidata independiente, después de 33 años de militancia en el PAN, sin embargo, Zavala se retiró de la contienda electoral, por presuntos fraudes en la recolección de firmas.

La marginalidad de la representación popular de las mujeres cambió en momentos como el periodo de 1994 al 2000, donde México vivió: la crisis económica del 94’, la devaluación y quiebre de los bancos, la aparición del EZLN en el sureste del país; los crímenes políticos de Luis Donaldo Colosio, y Francisco Ruiz Massieu; las matanzas o masacres por asuntos políticos, y el ascenso de la izquierda mexicana después del fraude de la elección anterior (1988).

De este modo, en 1996 se acordó que los partidos políticos no excedieran el 70% de las candidaturas para un mismo género, logrando que las mujeres tuvieran acceso al 30% de los espacios político-electorales. En 2002 se publicó en el Diario Oficial de la Federación las reformas al COFIPE, que obligaba a los partidos políticos a inscribir al menos el 30% de candidaturas para mujeres en las listas de puestos de elección popular, a raíz de esto, las mujeres alcanzaron un 23% de representación de las cámaras del Congreso Federal.

En el 2000 gana el PAN por primera vez la Presidencia de la Republica, rompiendo una cadena de gobiernos priistas, pero no todo es bueno para ellos, ni para las mujeres. Dos de cada 10 candidaturas de mujeres que resultaron electas solicitaron licencia para abandonar su cargo, y así fuera ocupado por sus suplentes, todos hombres, este acto de uso y abuso de las mujeres se les conoció como “las juanitas”. Y desde luego, fue un motivo de alerta para las mujeres que ya habían escalado en organización y movilización.

Con una nueva reforma a la legislación electoral, en el 2007 se estableció una nueva cuota de género de al menos el 40 por ciento de mujeres candidatas, y además las listas plurinominales deberían incluir al menos 2 mujeres en cada segmento de cinco candidatos, así el porcentaje de representación de las mujeres aumentó a 28%.

En la elección del 2012 la representación de las mujeres en la Cámara de Diputados aumentó a 37% lo qué significó alcanzar un nivel necesario para influir en la toma de decisiones en dicho órgano, influencia que se reflejaría en los meses siguientes.

En el 2013 el Gobierno Federal presentó una iniciativa que obligaba a los partidos políticos a garantizar que el 50% de sus cargos fueran ocupados por mujeres, y que no lo abandonen o lo entreguen por presiones. Y finalmente, la última reforma electoral fue en 2014, en la cual se sustituyó al COFIPE, por la Ley general de instituciones y procedimientos electorales, y la Ley General de partidos políticos, y se estableció el principio de paridad de género obligando a los partidos políticos a registrar el 50% de sus candidaturas para mujeres y el otro 50% para los hombres.

Que el hombre y la mujer fueran iguales, fue un empeño que se concretó en una lucha incansable, paciente pero perseverante, hoy la oportunidad de ocupar todos los espacios del poder público, legislativo, y ejecutivo en el municipio, las entidades de la federación, y en la misma federación es un hecho real y posible, pero la instancia más inspiradora y el reto mayor para las mujeres, es la presidencia de México.

Claudia Sheinbaum, gobierna el corazón de la República, y lo hace muy bien; el gobierno de la Ciudad de México es la antesala a la presidencia del país. Más allá de intereses personales o partidistas, su llegada sería para todas las mujeres la coronación de dos siglos de abrir camino para un país justo, libre, y humano, y para que queden atrás las huellas de la división, encono, marginación y discriminación. ¡Nunca más nos quedaremos atrás!

AL FINAL. Todos hacemos algo por la patria, hagámoslo juntos y será diferente.

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