La caridad que nadie necesita

 

Doble o nada.

Por: José Luis Ramírez

Sabía usted que los mejores sentimientos tienen nombre de mujer. Traemos en nuestra memoria ancestral, la idea de la bondad como un acto que debemos agradecer por encima de todas las cosas. Eso lo trasladamos a la esfera del gobierno y la administración pública, y claro, creemos que los actos de quienes lo ejercen, deben estar bañados en ese ingrediente humano. Lamento decir qué no debe ser así. 

Los actos de gobierno desde luego, tienen por norma la Ley, es decir, están regulados, y como lo explica nuestra Constitución en el Principio de legalidad, “los servidores públicos”, solo pueden hacer lo que la ley les mandata. 

Partiendo de lo anterior, quisiera poner en su lugar lo público y lo privado.  Por un lado debemos entender que hay valores personales que emergen de los sentimientos, es decir de lo que sentimos. Quiero referirme a ellos, y destaco que la mayoría tiene un origen femenino: la compasión, es un “sentimiento de tristeza que produce el ver padecer a alguien y que impulsa a aliviar, remediar o evitar su dolor o sufrimiento”;   la lástima, es “sentimiento de tristeza y ternura producido por el padecimiento de alguien”; la Conmiseración, es un sentimiento de pena y dolor por la desgracia o sufrimiento de alguien

Le comparto tres palabras mas que parecen iguales pero que como decía Wislawa Zymborska, son tan diferentes como dos gotas de agua: la caridad, es un Sentimiento o actitud que impulsa a interesarse por las demás personas y a querer ayudarlas, especialmente a las más necesitadas; la Piedad, es un sentimiento de compasión o misericordia que produce alguien que sufre o padece. Finalmente, la filantropía, es la tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio.

Y bueno, pasemos a lo público. Los enterados de la esencia de los actos de gobierno y administración, señalan a la POLITCA como ciencia y arte de gobernar, que trata de la organización y administración de un Estado en sus asuntos e intereses.

La única manera de contrastar los actos públicos con los privados, es comprender el alcance de unos y otros. Una política es un comportamiento propositivo, intencional, planeado, no simplemente reactivo, casual, como lo puede ser el acto personal.

La política, con una visión actual de los estudiosos del tema, señala que es un resultado de enfrentamientos y compromisos, de competiciones y coaliciones de conflictos y transacciones convenientes.

Quienes suponen que la política es una pachanga de abuso, no es así. Dijimos que es una ciencia, lo cual requiere de una teoría y el uso del método científico. Analizar una “política”, argumentarla, diseñarla o ejecutarla es una tarea de la sociedad en su conjunto, en donde intervienen y negocian, los interesados, obteniendo así una Política Pública que logre beneficios a todos los involucrados.

Por eso cuando hablamos de lo público, requerimos tener claro que es: lo notorio, lo relativo al pueblo, o común del pueblo. El origen del Estado, y el Estado en sí, no es otra cosa que el medio a través del cual se garantiza de manera colectiva la vida y la integridad de los bienes públicos y privados.

Así que las políticas públicas, son el “conjunto de bienes privados y públicos… que los miembros de una sociedad producen y consumen”. Y podemos precisar que, son acciones de gobierno estratégicas, para dar respuesta a las demandas del pueblo. Esto significa en el terreno de la vida cotidiana, asegurar el acceso de las personas a bienes y servicios, no siempre es fácil, para eso es necesario hacer política, es decir, negociar y realizar acuerdos.

En el marco de esta pandemia que puso de cabeza todo lo creado en lo público y lo privado, era y sigue siendo necesario entender que la crisis social, sanitaria y económica aún no termina. Que los esfuerzos del gobierno y la administración pública municipal, no pueden quedarse en actos personales y sentimientos reactivos, y en su peor y mas denigrante versión en la entrega de “frijoles calientes” a cambio de simpatía y votos, como lo hace el cuarteto de Liverpool (Juan Carlos, Mauricio, y las 2 chicas poderosas), y en paralelo, suspender el único medio de prevención del coronavirus: el agua.

Ser oposición de panfleto y gacetilla, es eludir la principal responsabilidad de formular políticas públicas específicas para evitar que los males de la pandemia: desempleo, hambre, enfermedad y muerte sean el marco de la puerta de oro del bajío. 

Seguramente usted se preguntará si la política está despojada de los sentimientos, le digo algo: No. Por el contrario la fortaleza del pacto social, y la ley fundamental, los contienen en su espíritu. Los sentimientos de la Nación, que dieron origen a la Primera Constitución de nuestro país, expresaban con toda claridad: “la buena ley, es superior a todo hombre… que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”. ¿Lo sabrán?

REVOLCADERO.

La ciudadana Paniagua, sus escuderos y aliados “independientes”, seguro están pertrechados en la Black Mamba, planeando como volver a repartirse el pastel electoral del próximo año. ¡Están perdidos!

 

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