¿Horca o cuchillo? – De la voz a la tinta

Por: José Luis Ramirez

Alguna vez escribí que si queremos que los niños sean el futuro de la patria, deberíamos intentar no enseñarles lo que hemos aprendido. ¿Le parece temerario? Veamos.

Hasta hace un par de años en nuestro país existían 22 millones de niños, diferentes a nuestra imagen idealizada de rostros felices jugando a la pelota, o moviéndose en bicicleta por el parque, con sus padres agarrados de la mano, atentos a las sonrisas de felicidad. No, estos niños, son aquellos que no tienen bicicleta, y que en su mesa tampoco tienen comida, o veces ni mesa. En la orfebrería lingüística del nuevo mundo, le llaman precariedad económica. Si a usted no le dice nada lo anterior, supongo que tampoco le dirá nada que entre esos niños, hay 4.7 millones que no comen siete veces a la semana, ni una vez por día. 

¿A quién le importan los niños? ¿Son pocos 22 millones de niños con hambre? Las cifras son aportadas por la “Red por los Derechos de la Infancia en México” (Redim).  ¿Realmente tienen derechos los niños? El artículo 4 Constitucional, señala que el Estado debe tomar en cuenta el interés superior de la niñez.

La violencia infantil es la cicatriz de una sociedad enferma. El 60 por ciento de los niños de 1 a 14 años ha experimentado un método violento de disciplina, y 8 de cada 10 agresiones contra niños, niñas y adolescentes se dan en la escuela y en la vía pública, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición realizada en noviembre del 2019. 

Uno de cada dos infantes y adolescentes, ha sufrido alguna agresión psicológica por algún miembro de su familia, uno de cada 15 niños, ha recibido alguna forma de castigo físico severo, el hogar es el tercer lugar donde los niños están expuestos la violencia.

Debo decirle que el hambre, se quita con comida, o se olvida con el sueño, como decía una madre cuando intentaba dormir a sus hijos, pero hay otros horrores, que les llenan los sueños de pesadillas a los niños.

La OCDE catalogó a México como el país con el índice más alto de abuso sexual infantil, conducta perpetrada, en su mayoría, por familiares directos de niños, niñas y adolescentes. El silencio que rodeaba este crimen se está rompiendo, y empieza a sonar con tonos de asco y cinismo.

En México, “el número de niños y niñas sometidos a esclavitud sexual oscila entre 16,000 a 20, 000 (INEGI, UNICEF, DIF). Otros estudios calculan que la cifra de niños y niñas sujetos a explotación sexual en México asciende a 70, 000, de los cuales 50,000 son explotados en las zonas fronterizas y 20,000 en el resto del país. El turismo sexual, inunda México y compra con dólares el sufrimiento y la complicidad. Los consumidores se arroban en su hipocresía y felonía cuando llegan a sus casas. 

En los últimos meses, lo que era un secreto a voces, se reveló.  La Conferencia del Episcopado Mexicano, informó que en los últimos 10 años, el clero diocesano tiene registrados 426 sacerdotes investigados por abuso sexual contra menores y otras faltas, e instó a que no prescriba el delito de abuso sexual. Por esa razón 217 sacerdotes han sido dimitidos del orden clerical. Explicaron que son 271 casos de abusos a menores en el ámbito eclesial, más otros 155 procesos por otras faltas. Del total, 426 sacerdotes son investigados, 173 están en proceso y 253 han sido completados.

La Asociación para el Desarrollo de Personas Violadas, señalaba que no hay atención a la violencia sexual, que es invisibilizada pese al incremento de casos. Al señalar que su organización ha detectado casos de menores de entre 4 y 5 años víctimas de violencia sexual, pero que no son denunciados, además de que no hay “peritos especializados para atender a los menores agredidos”. En la mayoría de los casos el abuso sexual es una experiencia traumática. La niña o niño lo vive como un atentado contra su integridad física y psicológica. Puede afectar a su desarrollo psicoemocional, así como su respuesta sexual en la vida adulta. 

Cada año, más de 4 millones y medio de niñas y niños son víctimas de abuso sexual en México, país que según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) tienen el primer lugar mundial en estos delitos. De acuerdo con el Colectivo contra el Maltrato y Abuso Sexual Infantil, esta cifra es poco realista porque sólo es denunciado uno de cada 100 casos de abuso sexual infantil. Y luego nos preguntamos, ¿por qué nuestra sociedad apesta?

De acuerdo con las cifras del Inegi, en 2015 había en México, 2.5 millones de niños que trabajaban. En ese momento, señalaron que la cifra no sólo aumentará, sino que “se incrementarán sus horas de trabajo, con ello el cansancio y la disminución en el rendimiento escolar, pues sigue siendo la sobrevivencia cotidiana más importante que la proyección de la educación”.

Aun cuando la ley lo prohíbe, del 2015 al 2019, el número de niños que trabajan, aumentó en 700 mil, hasta llegar a 3.2 millones de niños y adolescentes de entre 5 y 17 años de edad, realizando actividades económicas no permitidas o en quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas. De los niños ocupados que no cumplen la edad mínima para trabajar, el 17.9% no asisten a la escuela, situación que se presenta en 55.1% de los que están en trabajo peligroso.

Esto “constituye una práctica violatoria de los derechos de niñas, niños y adolescentes que afecta su desarrollo físico, psicológico y su dignidad, y les genera graves consecuencias en su futuro”, aseveró la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). ¿Qué dejaron de hacer esos niños para incorporarse a la actividad laboral? ¿Dejar de ser niños?

En el 2015 se reportaba que de 33 millones de niñas y niños de este país, cerca de 4.7 millones no estaban en la escuela, y no era para alegrarse, los espacios educativos también incuban una amenaza al desarrollo infantil. Sí, aunque usted, crea lo contrario.

Los resultados de la prueba Pisa demuestran que México vive una “tragedia educativa mayúscula” ante la que los gobiernos y la sociedad no pueden ser omisos, pues de lo contrario se estará condenando al país a la mediocridad, advirtió Marco Antonio Fernández de la organización México Evalúa. Y abundaba, el reporte “Pisa, América Latina y El Caribe, ¿Cómo le fue a la región?”, produce “tristeza, frustración e indignación”, porque “desde hace 15 años, cuando se aplicó la primera prueba Pisa, México no ha reportado ninguna mejora en matemáticas, ciencias o lectura y nuestros estudiantes se encuentran en niveles básicos o mal desempeño“. La pregunta inmediata que surge, es ¿los niños son los culpables, o el sistema educativo?

En los primeros tres meses del año pasado se registraba el asesinato de tres niños por día. El fuego cruzado, había dejado desde hace años, a los niños enmedio. En el 2015, la cifra de homicidios infantiles no era diferente, 1000 menores de 17 años habían sido asesinados en la guerra por el control del mercado de la ilegalidad.

Según REDIM, señala que los asesinatos de niños aumentaron exponencialmente en la guerra contra el crimen que comenzó en diciembre del 2006. Desde entonces –al mes de abril del 2019- se habían registrado oficialmente 16.759 muertes por homicidio de menores de edad. Y otro dato escalofriante, es que de los 28 mil registros de desaparecidos, el 30% correspondía a niñas, niños y adolescentes. Y los huérfanos, los desamparados no han alcanzado todavía una cifra en el obituario de la infamia.

La otra cara del abuso infantil, son los niños reclutados por el crimen organizado. A ciencia cierta no hay una cifra, pero las imágenes que circulan en la prensa y en las redes sociales muestran como los niños son entrenados o bien obligados a realizar actividades criminales. La desprotección infantil, no ha tenido límites.

Nisaly Brito, de Diálogo de Saberes, en alguna de sus entrevistas definió a los niños en situación de calle, son “pobres de entre los pobres”, que no son contemplados por ninguna legislación. No existen, son una página en blanco en las estadísticas.

La UNICEF establece que los niños en situación de calle son los menores de 18 años sin hogar, que tienen vínculos familiares débiles o inexistentes, rotos por desestructuración familiar, que hacen de la calle su hábitat principal y desarrollan en ella la supervivencia.

Viven, comen, duermen y trabajan en la calle, estaciones camioneras o de trenes, parques, en basureros, estacionamientos públicos, edificios o casas abandonadas o bajo los puentes.

Generalmente son niños nivel económico bajo, de edad entre los 7 y 14 años, desempeñándose como traga fuegos, malabaristas, vendedores callejeros, lavando autos, limpiando parabrisas o en el peor de los casos robando, asaltando o traficando con drogas.

Esta postal del desconsuelo, nos dice poco y todo. “Es el resultado de la combinación de varios factores como abandono, maltrato familiar, independencia, farmacodependencia, extravío del niño, robo del menor para explotación o trabajo infantil, o porque el niño decide abandonar su hogar por rebeldía, abuso, pobreza, hambre, influencia o imitación y están expuestos a violencia, robos, violaciones, prostitución, uso de inhalantes, desnutrición, accidentes, enfermedades, asesinatos, trata de infantes, explotación, pederastia y quedan a merced de la calle y de delincuentes que se aprovechan de su infancia y su soledad y pueden terminar vinculados con la delincuencia”.

En México cerca del 13.3 por ciento de la población vive en indigencia; es decir, 14 millones 940 mil mexicanos viven en la calle, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), y miles de ellos son… niños.

Hay una violencia ignorada que camina entre nuestras calles lastimando lo mas preciado de nuestra sociedad, los niños. En los discursos políticos, y en las fotografías, las referencias y las fotos con los niños son codiciadas como un trofeo de caza. Lo cierto es que hay un mar de dolor y sufrimiento que va creciendo con los años, hasta que un día al cumplir la mayoría de edad, anuncian que el futuro ha llegado y solo traía en sus manos un costal de rencor y venganza, que luego, otra vez se convierte en sangre.

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