Día cero ¿Habrá transformación?

El  1 de Diciembre del 2018 ha sido un día histórico para el pueblo mexicano, nunca la ciudadanía  había desconfiado tanto de las instituciones y nunca se había sentido tan abandonada por su gobierno, pero, muchos tienen la esperanza de un cambio radical ¿Será posible una transformación?

Mi conciencia sobre política inició  en el año 1993, cuando el país vivía la que muchos consideraron su peor crisis, era una adolescente y me pegó mucho el momento político que se vivía, recuerdo que la mañana del 1 de Enero de 1993 fui con mi monedota de casi 3 cm de diametro por un bolillo a la tienda de la esquina, “Don Rómulo” me dijo muy molesto que mi bolillo ya no valía 100 pesos, sino 10 centavos , pero mi monedota ya no me serviría, era el comienzo de año y yo solo quería llevar algo para que comieramos en casa, así que mi moneda con la imagen de Venustiano Carranza era inservible, ahora era una diminuta moneda la que servía para adquirir aquel simple bolillo.

A partir de aquel momento comencé a escuchar hablar de crisis, devaluación, fraude y  corrupción pero también de promesas de campaña, aquellas que por unos meses nos ilusionan y después nos terminan desilusionando. Recuerdo el entusiasmo con el que el pueblo recibió a Vicente Fox y le entregó su confianza tras una postura firme ante lo que se consideraba “el poder”, pero el tiempo pasó y el cambio no apareció, hubo buenos momentos y otros muy desatinados, pero ese cambio que la gente anhelaba donde no existiera más pobreza, no llegó.

Pasó el tiempo y Felipe Calderón prometió ser “El Presidente del empleo”, por primera vez el pueblo sabía que no quería dádivas, sino trabajo, sin embargo lo que nos dejó su gobierno fue una guerra  que ha desangrado al país.

La era Peña Nieto no fue muy distinta en cuanto a seguridad, pero ha sido de grandes cambios, reformas estructurales que prometieron mucho y de las cuales no se han visto resultados palpables, aun cuando el expresidente insista que “el tiempo le dará la razón”, la promesa de un país moderno se esfumó y en su lugar quedan los titulares sobre la violencia y el narcotráfico, el enriquecimiento inexplicable propio, de su esposa y sus colaboradores; la militarización del país, el socavón que puso al descubierto la realidad  en el tema de corrupción, el asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa y una verdad “histórica” que no convence a una sociedad dolida por los más de 36,000 desaparecidos.

Enrique tuvo mucho para ser un buen presidente, tuvo la conciliación entre partidos, pero cada uno veló solo por los propios intereses y nunca los de la nación. Sus tropiezos chuscos fue la cereza del pastel, un presidente del que todos se mofaban y nadie respetaba.

Hoy, tenemos de nuevo la oportunidad de un cambio, la misma que cada seis años aparece, ideas nuevas, otras no tanto, pero el mismo ímpetu de hacer las cosas mejor que el que se va.

Ayer mientras veía la ceremonia en el Zócalo de la CDMX, me preocupé por la confianza que muchos tienen sobre una sola persona. ¿Cómo un presidente va a cambiar un país sumido en la pobreza, la corrupción y la violencia? (solo por mencionar algunos de sus más grandes problemas) si la ciudadanía no coopera, de pronto leí una nota que me desmotivó: “Se roban las nochebuenas de los pinos en el primer día abierto al público”,  y es que por años hemos creído que los bienes públicos son bienes que nos pertenecen, cuando en realidad lo que nos pertenece es la obligación de cuidar de ellos para el bien común.

México no puede cambiar por arte de magia si los mexicanos no cambiamos, si seguimos escondiendo al familiar que delinque, si seguimos comprando huachicol porque las gasolineras roban, si seguimos llevandónos la banca del parque porque el gobierno roba y se pagan con mis impuestos, si sigo robandome el cambio, si me echo a la bolsa las papas o el gansito en la tienda de la esquina, si me sigo estacionando en lugar prohibido, si sigo evadiendo impuestos, si sigo agrediendo a cuanta persona se me ponga enfrente llamandolo “derechairo”. “chairo” o “fifi”; México no puede salir adelante mientras siga dividido y cada quien solo jale para su lado, es momento de dejar de darle la razón a Octavio Paz, quien decía los mexicanos solo estamos para chingar o ser chingados, es momento de que los mexicanos saquemos el país adelante, sin la esperanza en un Mesías, pero con el apoyo y mirada crítica al gobierno.

Es momento para que México sea el país “chingón” que merece ser  y no por el color de quien lo representa sino por una sociedad que sirva de ejemplo de cultura, civilidad y respeto. Seamos el México capaz de ser congruente entre lo que anhela y lo que hace, construyamos las bases de una sociedad responsable en la cual la violencia no sea tolerable y menos aplaudible, dejemos de ser el pueblo callado para las propuestas y ruidoso para los chistes.

Remembrando a Octavio Paz, es nuestra la posibilidad del cambio en el que superemos un pasado marcado por la violación histórica y dejemos de ser “unos hijos de la chingada”¹. Hoy el reto no solo es de Andrés Manuel López Obrador, el reto es de todos los mexicanos. Ayer un joven le decía “No puedes fallarnos”, sin embargo creo firmemente los mexicanos somos quienes no debemos fallarnos, de lo contrario políticos irán y vendrán desilusionando a un pueblo ya de por si herido.

MAR

¹https://culturacolectiva.com/letras/octavio-paz-y-los-hijos-de-la-chingada

 

 

 

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