Amalgama

El término “público” tiene al menos 11 significados reconocidos, entre ellos:

1) Aplíquese a la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer una cosa, como contrapuesto a lo privado.
2) Perteneciente a todo el pueblo.

Durante las últimas décadas y sobre todo a partir de la presidencia de Carlos Salinas hemos visto cómo las decisiones gubernamentales desde la esfera nacional hasta la local, han promovido la privatización de los espacios, servicios y bienes públicos, bajo el argumento de hacerlos más eficientes o competitivos.
En el caso de San Miguel de Allende, ha sido esencialmente durante la actual  administración que se han implementado una serie de disposiciones desde el Salón de Cabildos que, con el argumento de solucionar, “economizar” y/o modernizar, han entregado hasta por 15 años los servicios y espacios públicos a empresas particulares; renunciando por completo a sus capacidades y a la búsqueda de soluciones desde lo público.
Hace un año, surgieron protestas en la ciudad de Querétaro por la decisión de privatizar los servicios de recolección y tratamiento de la basura, el alumbrado público y espacios publicitarios; la instalación de parquímetros y la intención de privatizar los mercados públicos sólo abonó al descontento social de los queretanos.
Del otro lado de la moneda podemos admirar el caso de Medellín, Colombia; que se ha convertido en un ejemplo a seguir en varios sentidos, sobre todo por la construcción y fortalecimiento de lo público y la regeneración del tejido social de la que fuera una de las
ciudades más violentas del mundo.
En esa ciudad se creó la Empresa de Servicios Públicos (EPM), un organismo netamente público encargado de satisfacer con excelencia los servicios municipales y que reinvierte en la ciudad los recursos obtenidos por ganancias o utilidades; esto permite el desarrollo
de infraestructuras urbanas que, de la mano de políticas públicas dirigidas a promover el tránsito hacia un desarrollo urbano sostenible, compacto y preparado para los efectos del cambio climático, han hecho de Medellín un ejemplo internacional de gestión urbana y una de las mejores ciudades para vivir en América Latina.
Siendo parte de una generación que cree que lo público debe ser sinónimo de excelencia y, volviendo al caso de San Miguel, me gustaría poner sobre la mesa tres casos recientes que, paradójicamente, van en la dirección contraria.

Parquímetros
Meses atrás la exalcaldesa y ahora cabeza del llamado “Consejo Ciudadano de Movilidad” promovió una consulta en la que había que decidir “sí a todo” o “no a todo”. Las propuestas, de las que no se han mostrado al día de hoy estudios que las fundamenten, incluían la colocación de parquímetros en el Centro y otras zonas de la ciudad.

El Plan, que entrará en vigor a partir del próximo mes de marzo, autoriza a una empresa cobrar por el uso de 1300 cajones de estacionamiento en vía pública con una tarifa de $20 la hora. Con esto se pretende regular el uso del espacio público y descongestionar el Centro. Sin embargo, la instalación de parquímetros, lejos de ofrecer una solución, perpetúa el problema y lucrará con él por muchos años.
Una de las medidas que han sido exitosas en otras ciudades para desincentivar el uso del automóvil, reducir el congestionamiento y la contaminación ambiental ha sido la mejora de los sistemas de transporte público: apostar a lo colectivo.
La complementariedad de medidas fundamentadas en estudios que contemplen cómo se mueve la mayoría de las personas en San Miguel, les incluya y que vaya más allá que apostar a obtener ganancias fáciles pueden ser la diferencia para lograr una movilidad más eficiente en nuestra ciudad.
En San Miguel casi el 80% de las personas usan el transporte público, pero este sigue intocable. Es lamentable ver cómo el transporte público se ha convertido en un botín político a través de los años; mientras, muchos sanmiguelenses seguimos esperando el momento en que el tema sea abordado con seriedad en el Ayuntamiento.
Abonando a la desigualdad urbana existente, una nueva ruta de autobuses modernos con WiFi, aire acondicionado y sin paradas intermedias llevará a los turistas desde el todavía inconcluso Centro de Visitantes hacia el Centro Histórico.
Ante un escenario de segregación social, privatización de los espacios, servicios y bienes públicos, disfrazados siempre de modernidad; y viviendo en un San Miguel caracterizado por la imposición de decisiones, la nula rendición de cuentas y la opacidad en el uso de los recursos, espero que la molestia por la instalación de parquímetros se traduzca también en un exhorto a una transparencia absoluta en el uso de los recursos públicos municipales.

Si esta empresa regresará una parte de sus ganancias al Municipio, debemos saber con exactitud cuánto es y en qué se utiliza.
Si no nos queda más que ver cómo el Ayuntamiento cede por varios años el derecho del uso del espacio público de la Zona Patrimonial de San Miguel a un particular, tomémoslo como una oportunidad para reflexionar el tipo de ciudad en la que queremos vivir los sanmiguelenses y las posibilidades de revertir la tendencia actual.

 

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