Amalgama

Cuándo es suficiente?

 

El turismo es una de las principales actividades económicas en San Miguel de Allende. En el año 2016 la derrama económica por concepto Turismo fue de 4 mil 716 millones, 756 mil pesos, según cifras del Consejo Turístico; en ese mismo periodo se realizaron 600 bodas con un impacto económico que superó los 3.5 mil millones de pesos.  

 

El centro histórico de San Miguel de Allende y el santuario de Atotonilco fueron inscritos en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2008, a partir de ese hito el número de visitantes pasó de 750 mil en ese año a, presumiblemente, más de 2 millones en 2017: lo que representa 250 % más.

El objetivo de declarar a un sitio como Patrimonio Mundial es el de catalogar y preservar sitios irremplazables de un valor e importancia único para la humanidad. San Miguel mantiene todavía hoy una escala, atmósfera, paisaje y características que la hacen diferente a cualquier otro sitio y eso le valió el reconocimiento por parte de la UNESCO.

La implementación de políticas turísticas en pos del máximo beneficio económico en el menor tiempo posible, ha promovido una serie de efectos en una ciudad con una capacidad limitada, su medio ambiente y sus habitantes: congestionamiento vehicular, exceso de basura, ruido, incremento del costo de vida, sobre explotación del agua, saturación de los espacios públicos, gentrificación acelerada del casco histórico, y algo muy preocupante: hay sanmiguelenses que hace tiempo dejaron de ir al centro: “Happy problems” es como nombra a todo esto el presidente municipal.

En una reciente entrevista para un semanario local, el presidente, la ex alcaldesa y el director del Consejo Turístico hablaban de los retos del turismo en nuestro municipio. Describían como, desde la administración pública, se trabaja para atraer turismo de alto poder adquisitivo (una de las estrategias es atraer personas con ingresos mínimos de 250 mil dólares anuales), cuentan su incomodidad con la campaña “Viajemos todos por México, programa que promueve que las personas de menos recursos puedan viajar y conocer el país. También se trabaja para que no disminuya la tarifa hotelera y que “cuando un hotel quiere instalarse en San Miguel debe ser de lujo”. Turismo todos los días del año es el objetivo final.

A pesar que insisten en que “sería inconstitucional, ilegal e inmoral decir que quien no tiene no puede entrar a la ciudad”, la realidad dista del discurso. Es preocupante la puesta en marcha de una visión que promueve la segregación social y la conversión del corazón simbólico de San Miguel: su centro histórico, en un patio de recreo para las élites, diluyendo la esencia, el carisma y el espíritu que hicieron que San Miguel de Allende fuera reconocido como un sitio excepcional para la humanidad. Reflejémonos en la crisis que vive Venecia por haber tomado ese mismo rumbo años atrás.

 

Mientras las últimas administraciones públicas se han enfocado en explotar la popularidad turística de San Miguel, se han olvidado realizar un estudio de cargas turísticas (pendiente desde 2008), la implementación de un programa de gestión turística (que no de promoción) y, sobre todo un Plan de Manejo del Centro Histórico; instrumentos sin los que se compromete seriamente la autenticidad y conservación de este sitio de valor excepcional para las futuras generaciones.

Diré un secreto a voces: no podemos seguir creciendo como lo hemos venido haciendo los últimos años. Distamos mucho de un enfoque de turismo sostenible y esto está impactando en la degradación socio-ambiental de San Miguel.

Me preocupa muchísimo que el centro histórico y sus alrededores estén vaciándose de habitantes, de sus actividades cotidianas, de sus costumbres ancestrales y que nuestro San Miguel y sus espacios histórico-patrimoniales terminen convirtiéndose en un gigantesco hotel en el que nadie genere memorias, ni vínculos: un espacio vacío al que nadie le importe.

Si hay algo que deben recordar quienes dirigen San Miguel es que esta ciudad ha estado viva desde antes de la llegada masiva de turistas, los recursos naturales son limitados y que, de seguir en esta misma dinámica voraz, podríamos terminar quedándonos solo con el cascarón de lo que alguna vez fue el San Miguel mágico, atrayente y especial que atrajo a miles de personas dispuestas a conocerlo.

Tenemos que atrevernos a hacer las cosas de otra manera si es que pretendemos cambiar esta tendencia no sostenible. San Miguel es nuestro hogar.

 

Francisco Mota. (1989) Diseñador por la Universidad de Guanajuato. Apasionado del arte popular, las plantas y la fotografía. He participado en proyectos e iniciativas relativas al diseño, espacio público, gestión y patrimonio cultural en Guanajuato, San Miguel de Allende y Oaxaca.

http://www.instagram.com/pacolour

gente

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