Amalgama

AMALGAMA:
1. F. Unión o mezcla de cosas de naturaleza contraria o distinta
2. F. Quím. Aleación de mercurio con otro y otros metales, como oro, plata, etc;
generalmente sólida o casi líquida.

Hemos hablado de cómo la ausencia de una política pública de vivienda ha provocado que, según cifras del INEGI, casi la tercera parte de los sanmiguelenses vivan en condiciones de hacinamiento; pues la oferta sesgada y los precios exorbitantes imposibilitan a la mayoría de las personas de poder acceder a una vivienda digna.
Pero no nos equivoquemos pensando que la solución a este problema es la construcción masiva de casas. En muchas ciudades, con el argumento de ofrecer vivienda barata, se ha promovido la construcción de casas en zonas inaccesibles, alejadas del resto de la infraestructura y los servicios, allá donde las tierras son baratas, privilegiando los dividendos económicos de los inversionistas por sobre la sostenibilidad social y ambiental.
San Miguel no es la excepción, en diciembre el presidente municipal anunció la idea de construir “Lomas de San Miguel” un conjunto de 5 mil casas baratas a unos 10 kilómetros de la ciudad, rumbo a Los Rodríguez. Ahí vivirían al menos 20 mil personas de bajos recursos. “La Esmeralda” y “La Vista” responden a ese mismo modelo.
Vivimos en una ciudad con una innegable desigualdad urbana: se construye el mejor equipamiento para quien lo puede pagar. En Singapur, dice Eduardo Moreno -director de investigación y desarrollo de ONU-Habitat- “se obliga a los promotores inmobiliarios a que si construyen 100 viviendas, 30 sean para pobres, 40 para clase media y 30 para otra más adinerada.” En San Miguel de Allende el escenario es muy diferente.
El crecimiento de San Miguel es un proceso natural y necesario pero que debe hacerse de manera inteligente, pues es sabido que cuando las ciudades no se planifican, el crecimiento es liderado por los agentes privados bajo sus propias condiciones e intereses.
En el caso de San Miguel ha habido intentos de planear, pero el mayor obstáculo ha sido al momento de la implementación de esos instrumentos regulatorios.
El desorden y expansión urbana que vive San Miguel de Allende no es un caos fortuito: el parque industrial está construido sobre una de las principales zonas de inundación y escurrimiento pluvial que recargan los mantos freáticos. Una zona forestal fue convertida en un conjunto de multifamiliares donde es imposible que accedan unidades de emergencia debido a la inclinación de las calles. Y el conjunto habitacional anunciado por el presidente municipal está en una zona donde el POET considera que las actividades desarrolladas ahí contribuyen fuertemente al abatimiento de los niveles del agua del acuífero.

La ausencia de transparencia y procesos participativos en el desarrollo urbano y el otorgamiento de cambios de uso de suelo ha inducido que San Miguel se fragmente física y socialmente. Hemos dejado de ser una ciudad compacta y durante los últimos años se ha promovido un modelo donde la expansión desordenada, la especulación y la segregación socio-espacial son la regla.
De la noche a la mañana nos enteramos que al lado de nuestra casa abrirá un bar, que lo que funcionaba como una clínica se convertirá en estacionamiento o somos testigos de cómo en medio de zonas populares se construyen opulentos cotos residenciales con todos los servicios, mientras sus antiguos vecinos siguen careciendo de lo elemental.
Es necesario que la autoridad reconozca que es su responsabilidad ofrecer una vivienda social integrada a la ciudad: en zonas de usos mixtos, cercanas al equipamiento existente,
que considere la cobertura del transporte público (para que no necesites subirte a un carro para ir por el pan) y no sólo un dormitorio alejado de todo. Y además tomar las medidas necesarias para evitar que la ciudad se sature de automóviles, considerando también los instrumentos adecuados para reducir el índice de incidentes viales, que cuestan la vida de muchas personas cada año.
Recuperemos la idea de una ciudad para las personas, una ciudad que reconcilie, reconecte y sea sensible a sus habitantes y a su entorno natural. El San Miguel contemporáneo debe estar preparado para el cambio climático, prevenido para enfrentar los problemas de abasto y calidad del agua (que es ya un problema de salud pública).
Debemos ser responsables del tratamiento de las aguas residuales y la disminución de la generación de residuos. Estoy convencido que en este momento histórico la ciudad debe privilegiar lo público y lo colectivo, como está sucediendo en las mejores ciudades del
mundo.
Aún estamos a tiempo de decir adiós a arquetipos arcaicos y abatir la desigualdad urbana a través de políticas públicas que sienten la base para un San Miguel que mire al futuro, uno incluyente, sostenible, inteligente y que en verdad nos enorgullezca legar a las siguientes generaciones.

Tú ¿cómo te imaginas el San Miguel de Allende del futuro?

Francisco Mota. (1989) Diseñador por la Universidad de Guanajuato. Apasionado del arte popular, las plantas y la fotografía. He participado en proyectos e iniciativas relativas al diseño, espacio público, gestión y patrimonio cultural en Guanajuato, San Miguel de Allende y Oaxaca.
http://www.instagram.com/pacolour

AMALGAMAblanco (1)

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