Amalgama

San Miguel enfrenta una serie de retos en el futuro próximo abonados principalmente por el boom turístico, la burbuja inmobiliaria y el crecimiento de la población. Estos retos debemos verlos desde lo macro, como se interrelaciona uno con el otro y cómo impactan en la forma en que vivimos.
Una de las consecuencias más evidentes e inmediatas ha sido la crisis de movilidad urbana, situación que se agrava sobre todo durante los fines de semana y temporadas vacacionales pues casi el 70% de los turistas llegan en automóvil, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Turismo del Estado.
Recientemente se aprobó en el Salón de Cabildos un “Plan de Movilidad” que en teoría prioriza al peatón y a la colectividad, pero que en la práctica dirige la mayoría de sus acciones al automóvil. Al revisarlo pude darme cuenta de la discrepancia entre lo que dice en sus primeras páginas y lo que se plantea en el resto del documento.
Se ha hablado de la instalación de parquímetros y la construcción de un gran estacionamiento en el Centro Histórico y otros más en las entradas de la ciudad (la mayoría de ellos concesionados a particulares) como algunas de las soluciones que aliviarán a San Miguel del congestionamiento vehicular.
Es cierto que sobran los coches estacionados en la vía pública, sobre todo en el Centro y las colonias vecinas (Guadalupe, San Antonio, Guadiana…) pero también es cierto que son muy pocos los sanmiguelenses que tienen la capacidad de costear un automóvil. Aun así, la cantidad de vehículos registrados en San Miguel se ha duplicado durante la última década ¿por qué?
Es un hecho, además, que hay quienes creen que tienen el derecho a estacionarse afuera de su casa las 24 horas, los 365 días al año y eso no es cierto. No existe un Derecho Constitucional al Estacionamiento y exigir al Gobierno la construcción de estacionamientos es equivalente, diría Enrique Peñalosa (ex alcalde de Bogotá, Colombia) el equivalente a pedirle a papá gobierno que nos regale clósets para guardar nuestra ropa. Debemos responsabilizarnos de tener un automóvil.
Pero volvamos a lo macro: según cifras del INEGI, el 63.7% de la población de San Miguel vive en algún tipo de pobreza y sólo a 8 de cada 100 habitantes se les considera “no pobres”; esto impacta en que menos del 30% de las personas tiene un automóvil y en que la gran mayoría utilizamos el transporte público como manera en que nos movemos a través de San Miguel. Para algunos el que pase o no el camión significa poder o no llegar a tiempo a la escuela o presentarse a su trabajo.
Es justo cuestionar por qué si la mayoría usamos el transporte público, este lleva décadas sin atenderse seria y decididamente y, por el contrario, la mayoría de los recursos públicos destinados a movilidad se dirigen a atender al automóvil particular.
Han pasado años y no hemos visto mejoras en el medio que mueve a la mayoría de los sanmiguelenses, a aquellos que sostienen la economía de la ciudad trabajando todos los días: las tarifas suben, cambia el color del autobús pero todo lo demás sigue igual.
En ningún momento se ha planteado una discusión seria que involucre a usuarios, choferes, concesionarios, academia y gobierno, en la que se hable de cómo hacerlo más eficiente, puntual, atractivo, incluyente y seguro; cómo ofrecer mejores condiciones laborales a los choferes o cómo devolverle la confianza a los usuarios para que no se vean orillados a comprar un auto. Y no, una consulta de 20 puntos que dice “no a todo” o “si a todo” no es un ejercicio válido.
El parquímetro y la concesión/privatización del espacio público hablan de la falta de inteligencia urbana para hacer acuerdos con todos los usuarios de ese espacio colectivo (de todos). En vez de plantear soluciones efectivas, se entregan las calles a una empresa que las convertirá en dividendo propio y ganará más de lo que devolverá al erario.
Sentémonos a dialogar, analicemos el origen de los problemas y pongamos el interés colectivo sobre la mesa ¡Veamos a futuro!

 

 

 

Francisco Mota. (1989) Diseñador por la Universidad de Guanajuato. Apasionado del arte popular, las plantas y la fotografía. He participado en proyectos e iniciativas relativas al diseño, espacio público, gestión y patrimonio cultural en Guanajuato, San Miguel de Allende y Oaxaca.
http://www.instagram.com/pacolour

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